Un taxista en la estación de Assen tiene una respuesta precisa a esa pregunta. No recurre a gráficos ni comunicados de prensa: habla con la voz de quien sabe exactamente cuánto pesa un fin de semana de carrera en su cuenta bancaria a fin de año.
«Si no fuera por el Gran Premio de Assen, más me valdría cerrar el negocio.»
Esas fueron las palabras que David Emmett — periodista de referencia del mundo de las dos ruedas en Moto Matters — escuchó durante un traslado desde la estación de tren hasta el circuito. Pocas palabras, suficientemente claras para explicar algo que estudios académicos y análisis económicos necesitan páginas para demostrar: un Gran Premio de MotoGP no es solo deporte. Es economía.
El estudio de Valencia: los números de una carrera
El único análisis académico riguroso disponible sobre este tema está firmado por Maria Luisa Martì Selva y Rosa Puertas Medina, publicado en 2012 en los Estudios Españoles de Economía Aplicada. El caso de estudio es el Gran Premio de Valencia 2010 — la última carrera de la temporada, disputada ante aproximadamente 80.774 espectadores.
Las cifras son claras: más de 5 millones de euros en entradas, alrededor de 14,5 millones en hoteles, restaurantes, transportes y merchandising (de los cuales más de 8 millones solo en hospitalidad). Total: casi 20 millones de euros generados en un solo fin de semana — equivalentes al 0,24% del PIB de la Comunitat Valenciana, una de las regiones turísticamente más competitivas de toda la España oriental.
Se trata de datos de 2010, en una época en que MotoGP tenía una presencia internacional sensiblemente inferior a la actual. El impacto real de un Gran Premio contemporáneo — impulsado por el crecimiento de las audiencias televisivas en Asia, las Américas y Oriente Medio — es presumiblemente superior.
Por qué los circuitos — y las regiones — pagan por acoger la MotoGP
La sanctioning fee — el derecho anual que el circuito paga para acoger el Gran Premio — es un coste considerable. Sin embargo, históricamente la demanda para entrar en el calendario MotoGP supera el número de plazas disponibles.
La lógica es simple: el impacto económico supera el coste. Hoteles, restaurantes, transportes locales y comercio minorista se mueven de forma sincronizada durante los días del Gran Premio, con un efecto multiplicador que se extiende mucho más allá del trazado. No es casualidad que muchas administraciones regionales elijan cofinanciar los costes de los circuitos: ven el GP no como un gasto de imagen, sino como una inversión con retorno medible sobre el territorio.
El caso mejor documentado es el de Assen. Arjan Bos, durante años presidente del circuito holandés, formalizó este principio alcanzando un acuerdo con la provincia de Drenthe para un plan de reestructuración estructural, completado en 2021: nuevas tribunas, áreas de catering ampliadas, zonas dedicadas al entretenimiento y una vialidad interna completamente rediseñada. Un acuerdo posible precisamente por el reconocimiento institucional del valor económico que el Dutch TT genera para toda la región — año tras año, fin de semana tras fin de semana.
Vale la pena señalar que el Circuito de Assen paga la sanctioning fee de su propio bolsillo, sin fondos estatales directos para la carrera en sí (a diferencia, por ejemplo, del GP de Valencia). Sin embargo, la administración provincial coinvirtió en la infraestructura del circuito — una distinción sutil, pero significativa: no se trata de subvencionar el deporte, sino de invertir en un multiplicador económico reconocido como tal.
El valor de la MotoGP para quienes eligen patrocinarla
Para las empresas que evalúan un patrocinio MotoGP, la economía de un Gran Premio no es un dato accesorio. Es parte de la conversación sobre por qué invertir en este deporte produce retornos que otras disciplinas difícilmente replican.
Un circuito que invierte porque el GP genera valor — y que recibe el apoyo de entidades locales por la misma razón — es un contexto de activación sólido: concentración de público de alto gasto, visibilidad mediática directa en más de 200 mercados, y un ecosistema de hospitalidad construido en torno a un fin de semana que para la comunidad local es, literalmente, el momento más importante del año.
Esa frase del taxista de Assen no describe solo su trabajo. Describe la estructura económica de toda una temporada deportiva — y explica, mejor que cualquier presentación, por qué desde hace más de treinta años RTR Sports aconseja a sus clientes ver la MotoGP no como un deporte a seguir, sino como una plataforma sobre la que construir.