En marzo de 2022, la Fórmula 1 acababa de estrenar un reglamento completamente nuevo, con coches de efecto suelo pensados para adelantar más, y las dos primeras carreras habían dejado espectáculo y audiencias récord en Estados Unidos. Escribimos entonces este artículo para leer aquel cambio con los ojos del marketing: cómo se gestiona el ciclo de vida de un producto deportivo sin traicionar a quien ya lo ama. Hoy lo volvemos a publicar tal como era y lo acompañamos de un balance, porque en 2026 la Fórmula 1 ha repetido la misma apuesta, todavía más grande.
Actualizado en septiembre de 2026.
El balance, en resumen, es este. La apuesta de 2022 dio resultado sobre todo en los circuitos y en Estados Unidos: los espectadores pasaron de 2,69 millones en 2021, todavía limitados por las restricciones sanitarias, a 6,7 millones en 2025, récord absoluto, mientras que la audiencia televisiva mundial solo volvió a crecer en los años siguientes, hasta 1.830 millones en 2025. En 2026 ha llegado un nuevo reinicio, con motores mitad eléctricos, combustible sostenible, aerodinámica activa, la llegada de Audi y Ford, el paso de Honda a Aston Martin y Cadillac como undécimo equipo: un cambio que divide a los aficionados pero que, por ahora, lleva todavía más público a los circuitos.
El texto de marzo de 2022
El cambio de reglamento de la Fórmula 1, con coches y neumáticos nuevos en primer lugar, ha traído dos carreras espectaculares y audiencias récord. Un riesgo que ha salido bien, pero que era necesario si la máxima categoría del automovilismo quería seguir siendo actual y relevante para el público y los patrocinadores.
Marketing deportivo: comunicar dentro y fuera de la propia arena
Como bien saben los profesionales del sector, toda property deportiva debe dirigir sus esfuerzos de comunicación y promoción en dos direcciones iguales y opuestas.
Por un lado, la property, ya sea un club, un estadio, una liga o una federación, debe orientar sus acciones dentro de su ámbito natural de influencia, para hablar con su público, interactuar con sus stakeholders y, en general, dar continuidad a una relación existente y basada en objetivos compartidos.
Por otro lado, la misma property libra cada día una dura batalla con otros objetos, organismos, organizaciones y entidades externas que operan en ámbitos distintos y alejados de su vertical natural de referencia. Es una lucha por la atención, por el interés, por la relevancia y, por último pero no menos importante, por el tiempo de pantalla. Esto es tanto más cierto y relevante cuanto más grande y globalmente interesante es la property.
En definitiva, y por poner un ejemplo que despeje dudas, un gran club de fútbol no solo debe centrarse en sus aficionados y en sus inversores, sino que al mismo tiempo debe luchar por la atención de nuevos consumidores frente a otras formas de entretenimiento, desde los videojuegos hasta la música, desde el cine hasta las redes sociales.
Esta doble dirección del marketing y de la comunicación, hacia dentro y hacia fuera a la vez, es la clave de un equilibrio virtuoso que conduce al éxito, pero también muy difícil de encontrar.
Olvidarse de comunicar hacia dentro significa perder el núcleo duro de los propios aficionados y alejarse de las propias MVP históricas (Mission, Vision, Purpose). Por el contrario, dejar de comunicar hacia fuera significa encerrarse en un nicho que ya no atrae a nuevo público y que conduce, a medio y largo plazo, a la extinción del producto.
Teoría aparte, aquí está precisamente la gran dificultad de todo cambio: ¿cómo seguir siendo relevante para el propio público y resultar atractivo para quien todavía no te sigue? ¿Cómo avanzar hacia la modernidad sin traicionar el legado? Y, por último, ¿cómo encontrar lo nuevo sin tirar lo viejo?
Pensándolo bien, es un dilema transversal para todo el mundo del marketing, en perpetuo equilibrio entre el presente y el futuro: de esto se ocupa precisamente el Product Life-Cycle Management, es decir, la planificación estratégica de procesos y acciones para gestionar y guiar el ciclo de vida de un producto o servicio.
Fórmula 1: cambiar para seguir siendo la misma
Como decíamos al principio, la gestión del ciclo de vida del producto es tanto más importante cuanto más grande y global es la property. En un mercado absolutamente transversal, planetario y conectado de múltiples maneras, no solo ha dejado de valer el “demasiado grande para caer” que se creía cierto hasta hace unos diez años, sino que, paradójicamente, se exigen mayores esfuerzos de adaptación precisamente a las organizaciones más estructuradas. Este razonamiento se aplica, evidentemente, también al marketing deportivo.
En este contexto, la Fórmula 1 forma parte de esa élite de ligas, series y campeonatos que concentran la mayor parte de la atención mundial. Junto a la Premier League, la NBA, la NFL, la Champions League y MotoGP, la máxima categoría del automovilismo se sitúa por derecho propio como uno de los entretenimientos más extraordinarios del planeta. Solo en 2021, el circo acumuló una audiencia televisiva total de 1.550 millones, 445 millones de espectadores únicos y 2,69 millones de personas en las gradas, pese a las restricciones sanitarias, en 22 carreras en poco más de ocho meses (fuente: Fórmula 1). Cifras de vértigo que, como siempre, tienen la doble cara del éxito y de la responsabilidad.
A la luz de lo escrito hasta aquí, y con el fantasma de un pasado reciente nada sencillo bien visible en el retrovisor, hay que interpretar el gran cambio que la máxima categoría decidió emprender en varios frentes hace algún tiempo y que solo ahora está mostrando su verdadero rostro. Un cambio que, para simplificar, podemos dividir en cuatro puntos:
- reglamentario;
- de producción y distribución audiovisual;
- geográfico;
- demográfico y cultural.
La Fórmula 1 que cambia: el reglamento
El cambio reglamentario, expresado con toda su fuerza en el nuevo Rule Book de esta temporada, es sin duda el más visible de todos los cambios de piel del deporte de cuatro ruedas más famoso del mundo. Coches que vuelven al efecto suelo, una aerodinámica simplificada para permitir adelantamientos más emocionantes, mantas térmicas a menor temperatura y demás son en realidad detalles secundarios de un gran diseño que se resume en una frase sencilla: la Fórmula 1 necesita carreras divertidas, con muchos adelantamientos y grandes golpes de efecto.
¿Por qué decimos entonces que son detalles “secundarios”? Lo evidente es que el órgano de gobierno del deporte intenta alejar el fantasma de la complejidad para reducir las barreras de entrada a los nuevos espectadores. Un nuevo usuario, y esto sí es un problema de marketing, no puede tener dificultades para acceder al producto porque, si no está suficientemente motivado, se cansará y se irá a otra parte. Un deporte en el que hace falta un título en termodinámica y una libreta para seguir la carrera no es un deporte, es un problema de matemáticas. La Fórmula 1 lo sabe bien. Pero también sabe que crear competitividad, un tema que este blog ya ha tratado en el pasado, es difícil, sobre todo cuando hay tanta tecnología en juego.
De ahí un cambio de reglamento que, sin renunciar a la complejidad y a los detalles tan queridos por los aficionados (comunicación dentro de la propia arena), ofrece un producto sencillo, intuitivo y accesible a quien se acerca por primera vez (comunicación fuera de la propia arena).
Es evidente que satisfacer a ambos públicos es la condición sine qua non para que el juguete funcione y para estas distintas capas de lectura. El nuevo usuario disfrutará viendo los adelantamientos y contraadelantamientos entre Verstappen y Leclerc, mientras que los más apasionados podrán reflexionar sobre los undercuts menos eficaces ahora que los neumáticos salen del garaje a 70 grados y no a 100.
La Fórmula 1 que cambia: producción y distribución audiovisual
Drive to Survive, la popularísima serie que ya va por su cuarta temporada, ha sido un auténtico golpe maestro de los departamentos de marketing del circo. El producto televisivo no solo ofrece un ángulo más jugoso y más cercano al cotilleo, capaz de despertar la curiosidad incluso de un público no necesariamente deportivo, sino que tiene la doble ventaja de llegar a nuevos nichos de público y de prolongar la experiencia y el recuerdo para marcas, patrocinadores y fabricantes.
DTS es uno de los muchos cambios, grandes y pequeños, que Liberty Media ha introducido en materia de product placement y de promoción del producto. Un nuevo logotipo, una nueva tipografía, nuevos grafismos, nuevas cabeceras y una nueva realización se suman a una lista no exhaustiva de retoques a un deporte que ha cambiado de cara en pocos años.
Aquí conviene tener claro el papel integral de una comunicación integrada de calidad. Es evidente que un nuevo logotipo, por sí solo, no aporta nada a la causa. Pero también es cierto que una imagen de marca que hable un lenguaje moderno y actual es importante para adaptarse a unos hábitos visuales que cambian cada vez con más frecuencia (no por casualidad la Premier League también renovó hace pocos años su logotipo y su paleta de colores, ambos preciosos).
La Fórmula 1 que cambia: la geografía
El de las fronteras, físicas y no solo físicas, es un tema dominante para todas las grandes properties deportivas del mundo. Pasar de mercados saturados a mercados en expansión es una necesidad para los patrocinadores, para los stakeholders y para encontrar nuevas porciones de público. Es un concepto tan intuitivo como difícil de llevar a la práctica, por razones logísticas, de tiempos y económicas (bien lo sabe la National Football League, que lleva años experimentando para llevar un equipo a Londres y desembarcar con el balón ovalado en el viejo continente).
Liberty, la FOM y la FIA tienen sobre la mesa un puzle con varias piezas que encajar, que no necesariamente coinciden. Por un lado, está la hegemonía cultural y de legado de Europa sobre el producto Fórmula 1, que nació en Inglaterra, Italia y Europa central, donde tiene la mayoría de sus equipos. Por otro, está la necesidad de desplazar el centro de gravedad hacia zonas con más margen de maniobra y más dinero, en particular Oriente Medio. En tercer lugar, está la conciencia de que un producto verdaderamente global no puede dejar de tener tirón, seguimiento e intereses en Estados Unidos. Por último, las semanas disponibles al año son menos de cuarenta (si se tienen en cuenta las pausas) y mover carga y material requiere tiempo y organización.
El calendario de 22 carreras, con la incorporación de trazados como Arabia Saudí (2021) y Miami (2022) junto a un sólido grupo de circuitos históricos, va precisamente en esta dirección.
Siguiendo el razonamiento anterior sobre las dos direcciones de la comunicación, está claro que el circo no puede prescindir, salvo que quiera hacerse el harakiri, de circuitos que representan el corazón del deporte, como la joya belga de Spa o el velocísimo trazado de Monza. Pero también está claro que la fortuna económica de la máxima categoría no puede apoyarse en una Europa central cada vez más estancada desde el punto de vista monetario, sino que debe encontrar nuevo impulso en mercados más dinámicos y en plena expansión como los de Oriente Medio. El calendario no puede alargarse indefinidamente, aunque ya hay quien pide 30 carreras, pero sin duda la ampliación del mapa y el regreso de grandes clásicos como Imola son una excelente noticia para patrocinadores e inversores.
La Fórmula 1 que cambia: demografía y cultura
Este es quizá el aspecto más difícil, intangible y delicado de nuestro razonamiento. Por los mismos motivos, quizá sea también el más importante. Si es fácil identificar los cambios del reglamento o apreciar el alargamiento del calendario, es difícil dar cuenta de un cambio que es tanto cultural como demográfico. Ambas cosas, como es fácil entender, van de la mano.
Plataforma de marketing internacional, deporte popularísimo y punta de lanza de toda la industria del automóvil, la Fórmula 1 necesita presentarse al mundo con un historial ético, cultural y de imagen de primer nivel. El gran espacio dedicado en los últimos años al Black Lives Matter, la atención a los temas sociales de inclusión y diversidad y su vocación altamente internacional son una prueba evidente de ello. Que no se trata solo de deporte es más que obvio. Como cualquier gran entretenimiento de la modernidad, la máxima categoría de monoplazas debe asumir también el papel de gran educador. Guste o no, se esté de acuerdo o no, esto es lo que la modernidad exige a las grandes corporaciones y a los actores más visibles. Es especialmente cierto en el motor, una disciplina tradicionalmente asociada al machismo de vestuario que hoy intenta, como le cuesta hacer a la NASCAR, sacudirse el polvo del garaje de provincias.
A esto se suma con fuerza el tema de las nuevas generaciones. Hiperconectadas, con una atención formidable pero huidiza, acostumbradas al multimedia y a las múltiples pantallas, y profundamente ligadas a una estética, la del videojuego y lo digital, en gran parte revolucionada. Apostar fuerte por las redes sociales, intentar agilizar las producciones, construir en torno a los protagonistas personajes muy parecidos a los héroes (o a los villanos) de una serie de televisión y darle a todo un barniz de videojuego son algunas de las cartas que juega la Fórmula 1.
El Red Bull de Verstappen deteniéndose al final de la carrera sobre una espectacular plataforma luminosa e interactiva, mientras un dron 4K graba la noche árabe, iluminada con neones fosforescentes, fuegos artificiales y paisajes de ensueño, es una prueba más de este salto, que es tanto generacional como de intenciones. Esto no es solo deporte, sino el espectáculo más bello del mundo.
El futuro que vendrá
La Fórmula 1 de esta temporada ha ofrecido hasta ahora lo que había prometido. Carreras trepidantes con coches por fin capaces de adelantar y luchar en cada curva, escenarios de ensueño en circuitos visualmente extraordinarios, una competitividad generalizada y numerosos golpes de efecto provocados por un cambio de reglamento al que no todos, sobre todo entre los más laureados, han sabido adaptarse.
No es realista pensar que el nivel de espectáculo ofrecido hasta ahora se mantendrá en las próximas 20 citas. Sí es útil apreciar que no se trata de una hazaña casual, sino del fruto de una dirección sensata y de una estrategia muy clara, que puede tranquilizar a patrocinadores, profesionales, stakeholders y protagonistas. Una estrategia a largo plazo cuyo objetivo principal es asegurar el futuro del circo entre las mayores plataformas deportivas y de entretenimiento del mundo, luchando en las dos direcciones citadas al principio de este artículo con la misma y renovada eficacia.
Cuatro años después: el balance
Releer un análisis al cabo del tiempo sirve para entender qué se había visto bien y qué no. Así fue, punto por punto.
La apuesta de 2022 salió bien, pero no donde se esperaba
Los récords de audiencia de las dos primeras carreras de 2022 eran sobre todo estadounidenses: en ESPN, el Gran Premio de Baréin reunió a 1,35 millones de espectadores y el de Arabia Saudí a 1,45 millones de media, la cifra más alta desde 1995. A nivel mundial, en cambio, 2022 cerró con una audiencia televisiva de 1.540 millones, prácticamente igual que en 2021. El verdadero crecimiento llegó por otro lado: en los circuitos, con 5,7 millones de espectadores ya en 2022, 6,5 millones en 2024 y 6,7 millones en 2025, récord absoluto con 19 carreras agotadas, y después en televisión, donde la audiencia acumulada subió en 2025 a 1.830 millones, con 76,1 millones de espectadores medios por Gran Premio, la cifra más alta desde 2020. Ese mismo año la Fórmula 1 contabilizó 827 millones de aficionados en todo el mundo, un 12% más.
Medios y Estados Unidos: la dirección era la correcta
La intuición sobre la producción y distribución audiovisual resultó ser la más visionaria. En Estados Unidos, ESPN cerró su última temporada de Fórmula 1, en 2025, con 1,3 millones de espectadores medios por carrera, récord absoluto, y desde 2026 los derechos estadounidenses pasaron en exclusiva a Apple durante cinco años. Mientras tanto, el relato de la Fórmula 1 salió de la televisión deportiva y llegó al cine: “F1”, la película con Brad Pitt, recaudó más de 634 millones de dólares en todo el mundo. Y la geografía siguió desplazándose, con Las Vegas en el calendario desde 2023, aunque 2026 mostró su fragilidad: en marzo, la situación en Oriente Medio obligó a la Fórmula 1 a cancelar los Grandes Premios de Baréin y Arabia Saudí.
2026: un nuevo ciclo de vida del producto
En 2026 la Fórmula 1 ha repetido la apuesta de 2022, pero a mayor escala. El nuevo reglamento técnico eleva la parte eléctrica de la unidad de potencia de 120 a 350 kW, frente a los 400 kW del motor térmico, para un reparto cercano al 50/50, con combustible totalmente sostenible. Los coches son más cortos, más estrechos y 30 kg más ligeros, con un peso mínimo de 768 kg, y usan aerodinámica activa: los alerones se abren en las rectas y se cierran en las curvas, mientras que el Overtake Mode, con energía extra para quien persigue a menos de un segundo, ha sustituido al DRS. También lo contamos en nuestro artículo sobre por qué la batería ha desaparecido de la pantalla.
El reglamento ha atraído a nuevos fabricantes y nuevas inversiones, que es justo lo que debe hacer un reinicio de producto: Audi compró Sauber, Ford es socio técnico de Red Bull Powertrains, Honda se ha convertido en motorista oficial de Aston Martin y Cadillac ha entrado como undécimo equipo. En lo deportivo, tras el Gran Premio de España del 13 de septiembre, el líder del campeonato es Kimi Antonelli con Mercedes.
Las dos direcciones de la comunicación, otra vez
2026 ha confirmado plenamente el razonamiento de 2022 sobre las dos direcciones. Hacia dentro, entre los aficionados, las nuevas reglas han dividido: las críticas se han centrado sobre todo en la clasificación y en la gestión de la energía, hasta el punto de que el 20 de abril todas las partes acordaron unos ajustes, en vigor desde Miami. Hacia fuera, en cambio, el producto funciona: en las tres primeras carreras la audiencia televisiva en los principales mercados creció un 23% en Australia, un 30% en China y un 20% en Japón, y tras once Grandes Premios los espectadores en los circuitos eran unos 3,7 millones frente a los 3,4 millones del mismo periodo de 2025, con todas las carreras agotadas y más de 830 millones de aficionados.
Qué nos ha enseñado
El Product Life-Cycle Management aplicado al deporte funciona si se acepta disgustar a alguien durante un tiempo. En 2022 la Fórmula 1 cambió los coches para que las carreras fueran más fáciles de seguir para los recién llegados; en 2026 los ha cambiado de nuevo para seguir siendo relevante para los fabricantes, para los patrocinadores y para un mundo que mira hacia la electrificación. En ambos casos los puristas protestaron y el público creció. Para una empresa que valora un patrocinio, la lección es clara: una property capaz de renovarse sin perder su identidad es una plataforma que conserva su valor en el tiempo. Si quieres saber cómo aprovecharla, puedes empezar por nuestra página sobre el patrocinio en Fórmula 1 y por el artículo sobre el primer spin-off de la serie, Max vs 100, que cuenta la nueva estrategia de contenidos del circo.
Fuentes: Fórmula 1, las cifras de la temporada 2021; ESPN, audiencias del GP de Baréin 2022; ESPN, audiencias del GP de Arabia Saudí 2022; AutoRacing1, la audiencia de la F1 en 2022; BlackBook Motorsport, las cifras de la F1 en 2024; Fórmula 1, la temporada 2025 en cifras; Broadcast, la audiencia televisiva de la F1 en 2025; ESPN, el récord de audiencia de 2025; Apple, los derechos de la F1 en Estados Unidos; Box Office Mojo, la taquilla de “F1”; FIA, el reglamento 2026; Fórmula 1, guía del reglamento 2026; Fórmula 1, los ajustes de abril de 2026; BlackBook Motorsport, audiencias de las primeras carreras de 2026; Fórmula 1, la temporada 2026 a mitad de año; RacingNews365, la clasificación tras el GP de España 2026; Sky Sports, la cancelación de los GP de Baréin y Arabia Saudí.
Preguntas frecuentes sobre Product Life Management y Fórmula 1
¿Qué es el Product Life-Cycle Management?
Es la gestión estratégica del ciclo de vida de un producto o servicio: el conjunto de procesos y decisiones con los que una empresa lo renueva con el tiempo para seguir siendo relevante, sin perder al público que ya lo aprecia.
¿Por qué cambió la Fórmula 1 su reglamento en 2022?
Para que las carreras fueran más reñidas y más fáciles de seguir para quien se acercaba por primera vez: los coches de efecto suelo estaban pensados para ir más cerca unos de otros y adelantar más, manteniendo la complejidad técnica que tanto gusta a los aficionados.
¿Funcionó el cambio de reglamento de 2022?
Sí, sobre todo en los circuitos y en Estados Unidos: los espectadores pasaron de 2,69 millones en 2021 a 6,7 millones en 2025, récord absoluto, y en EE. UU. las audiencias de ESPN crecieron hasta 1,3 millones de media en 2025. La audiencia televisiva mundial volvió a crecer más tarde, hasta 1.830 millones en 2025.
¿Qué cambia con el reglamento de 2026?
Las unidades de potencia tienen una parte eléctrica de 350 kW, cercana al 50% de la potencia, y usan combustible totalmente sostenible. Los coches son más ligeros y compactos, usan aerodinámica activa y el Overtake Mode sustituye al DRS. Han llegado Audi, Ford con Red Bull, Honda con Aston Martin y Cadillac como undécimo equipo.
¿Qué enseña la Fórmula 1 a quien invierte en patrocinios?
Que una property capaz de renovarse sin perder su identidad conserva su valor en el tiempo. La Fórmula 1 ha cambiado de producto dos veces en cuatro años y en ambos casos el público ha crecido, haciendo la plataforma más atractiva para los patrocinadores.