Febrero de 2025, Super Bowl LIX. Fox había vendido todos los espacios publicitarios del partido ya en otoño, a un precio medio de más de 7 millones de dólares por un anuncio de 30 segundos, y más de diez anuncios se vendieron a 8 millones. Sobre la mesa de un director de marketing que planifica el año hay dos documentos: el presupuesto de medio minuto de televisión y la propuesta de patrocinio de una temporada entera de MotoGP. Quien abre el segundo espera un abismo entre las dos cifras. La comparación, a menudo, sorprende.
En las reuniones, o en plena negociación, escuchamos a menudo la misma frase: la dirección está valorando si invertir en un patrocinio deportivo o, más sencillamente, en una campaña publicitaria, en televisión o en digital. Es una pregunta legítima, pero pone en el mismo platillo de la balanza dos cosas que pesan de forma muy distinta. Entender la diferencia entre patrocinio y publicidad es el primer paso para elegir bien, y para no pedirle a una herramienta lo que solo puede dar la otra.
El precio de un segundo de atención
Empecemos por las cuentas. Un anuncio de 30 segundos a 7 millones de dólares cuesta unos 233.000 dólares por segundo, por un mensaje que dura lo que un suspiro. En 2020 Fox vendía el mismo medio minuto por un máximo de 5,6 millones, con una media de 5,25 según Kantar: en cinco años el precio medio ha subido al menos un tercio. Y la demanda no da señales de bajar: para la Super Bowl LX de febrero de 2026, NBCUniversal anunció que lo había vendido todo pocos días antes del inicio de la temporada de la NFL, y ninguna cadena de la Super Bowl lo había confirmado nunca tan pronto. El directo deportivo sigue siendo uno de los pocos momentos en que millones de personas miran lo mismo en el mismo instante.
El problema, sin embargo, no es solo el precio. Es la propia naturaleza de la compra: el anuncio vive sobre todo mientras está en antena. El espectador recibe cada día una cantidad de mensajes que ya nadie es capaz de contar, la atención se fragmenta, y cuando termina la pausa publicitaria buena parte del mensaje termina con ella.
Cuánto vale un patrocinio: el Advertising Equivalent Value
Para comparar ambas cosas con la misma vara de medir, el sector utiliza desde hace años un parámetro consolidado, aunque discutido, el Advertising Equivalent Value (AEV): el valor de la visibilidad que genera un patrocinio, calculado como si ese mismo espacio se hubiera comprado en el mercado publicitario. Se multiplican los segundos en los que la marca es claramente reconocible durante la retransmisión, el llamado on screen time, por el valor de la publicidad en cada país y en ese momento del día, en todos los países que reciben la señal. Son cálculos complejos, que agencias especializadas elaboran carrera a carrera y distribuyen a patrocinadores y agencias.
El resultado suele ser contraintuitivo. Tomemos un ejemplo construido con datos reales y cercano a los casos que seguimos en RTR: una marca patrocinadora de nivel medio de un equipo puntero de MotoGP, es decir, ni title ni main sponsor, con su logotipo en el carenado, en la manga del mono del piloto, en la ropa del equipo, en los camiones y en los materiales de comunicación. En un Gran Premio europeo de 2017 esa marca estuvo en pantalla 1.391 segundos, unos 23 minutos a lo largo del fin de semana. Traducida a espacios publicitarios en los países conectados, esa visibilidad valía 1,6 millones de libras (datos de Clearsight para Dorna, hoy MotoGP Sports Entertainment Group).
El patrocinio costaba, para toda la temporada, más o menos lo mismo. Con una sola carrera la marca ya había recuperado la inversión, y todas las demás citas del Mundial eran visibilidad en positivo. Es una de las razones por las que un patrocinio en MotoGP construido con método resiste la comparación con cualquier planificación publicitaria; para un ejemplo medido hasta el retorno de la inversión está nuestro caso de estudio sobre cuánto vale un patrocinio deportivo.
El AEV, hay que decirlo, mide la visibilidad y nada más. No dice cuánto ha cambiado esa visibilidad la percepción de la marca, ni cuántas relaciones comerciales ha abierto. Por eso es el punto de partida del razonamiento, no el punto de llegada.
La visibilidad asíncrona
Las cifras del AEV se refieren a la visibilidad síncrona, la que se genera durante el directo. Existe, sin embargo, un segundo componente de valor que la publicidad tradicional no consigue captar y que, en el patrocinio deportivo, pesa más cada año. Lo llamamos visibilidad asíncrona: todo lo que ocurre lejos del directo, en los días, los meses y los años siguientes. El adelantamiento que se vuelve a ver en YouTube seis meses después, el resumen que comparte un aficionado en Indonesia, la serie documental que reconstruye una temporada, los vídeos que montan miles de creadores independientes.
En todos estos contenidos el logotipo del patrocinador está ahí. No interrumpe, porque forma parte de lo que el espectador ha elegido ver. En 2025 el campeonato estimó su base global de aficionados en 632 millones de personas, y solo en el canal oficial de YouTube de MotoGP los aficionados vieron más de mil millones de minutos de contenidos. Es visibilidad que se acumula con el tiempo y que ningún anuncio, por caro que sea, puede generar. Y cuando los medios recuperan un momento y lo convierten en un icono, el valor crece todavía más: es lo que hemos llamado efecto hélice.
No es casualidad, en definitiva, que Red Bull se haya dotado de su propia productora de medios para convertir en contenidos los eventos que patrocina. El patrocinio es la semilla; la visibilidad asíncrona es la cosecha.
Peras y manzanas: patrocinio y publicidad digital
Hoy, sin embargo, la comparación más frecuente no es con el anuncio de televisión. Es con la publicidad digital: banners, campañas en redes sociales, anuncios en buscadores. Un viejo dicho aconseja comparar peras con peras y manzanas con manzanas, y es la forma más sencilla de explicarlo: el patrocinio deportivo y la publicidad digital aparecen a menudo en el mismo plan de marketing, pero tienen raíces, intenciones y funcionamiento distintos. Las diferencias principales son cinco.
- El patrocinio es estratégico, la publicidad digital es táctica.
- El patrocinio trabaja a largo plazo, la publicidad digital a corto.
- El patrocinio pasa por las emociones y la memoria, la publicidad digital por la respuesta impulsiva.
- El patrocinio no se percibe como publicidad, el anuncio digital sí.
- El patrocinio construye autoridad, el anuncio digital pone a la marca en la cola con todas las demás.
Estrategia y táctica
Es la diferencia más importante. El patrocinio es una estrategia: un conjunto de derechos del que nacen activaciones distintas, construidas sobre objetivos, públicos y tonos de voz diferentes, de la hospitalidad a los contenidos, de la red comercial al producto. El anuncio digital es una táctica: preciso, medible, quirúrgico, pero nace y muere en el momento en que se sirve. El primero abre escenarios, el segundo defiende la posición.
El tiempo
La publicidad digital empieza cuando se empieza a pagar y se detiene cuando se deja de pagar. Parece una obviedad, pero hace que la herramienta sea poco adecuada para crear valor a largo plazo. El patrocinio funciona al revés: necesita tiempo para arrancar, pero sigue produciendo valor mucho después de que venza el contrato. Muchos recuerdan todavía el McLaren rojo y blanco de Ayrton Senna con los colores de Marlboro, la camiseta del Manchester United con Sharp en el pecho de 1982 a 2000, la del Nápoles de Maradona con la marca Mars o la Fiat Yamaha de Valentino Rossi. Pocos recuerdan el enlace patrocinado en el que hicieron clic ayer por la mañana, convencidos de que era un resultado cualquiera.
Emoción e impulso
El patrocinio funciona porque se apoya en las emociones del deporte y crea un vínculo entre la marca y la pasión del aficionado. Supera las defensas que el espectador levanta contra la publicidad y transfiere a la marca parte de la implicación que siente por el equipo o por el piloto. El anuncio digital trabaja sobre la respuesta inmediata: un clic, una visita, una compra. Funciona, pero rara vez deja un recuerdo.
No es publicidad
¿Alguien ha instalado alguna vez un bloqueador de anuncios para no ver a los patrocinadores de un monoplaza de Fórmula 1 o de la moto de un piloto de MotoGP? No, porque no hace falta. El que bloquea los anuncios de las webs que visitamos, en cambio, está activo en el navegador de muchos de nosotros en este momento. El espectador no vive el patrocinio como una interrupción, mientras que la publicidad digital forma parte de ese ruido de fondo que todos hemos aprendido a ignorar.
La autoridad
El patrocinio une la marca a los valores del deporte y de la property a la que apoya: en el motor, la velocidad, la búsqueda del rendimiento, la tecnología. Por eso las alianzas más logradas nacen a menudo entre afines. Rolex es el cronometrador oficial de Wimbledon desde 1978, Petronas es el title partner de Mercedes en la Fórmula 1 desde 2010, Richard Mille ha ligado su imagen a la muñeca de Rafael Nadal desde 2010 y a Ferrari desde 2021. El anuncio digital, en cambio, pone a la marca al mismo nivel que todas las que en ese momento compran el mismo espacio, a menudo en la misma plataforma.
Nada de esto significa que la publicidad digital no sirva. Usada con método es una herramienta valiosa, y una buena activación del patrocinio la utiliza, y mucho, para llevar a internet lo que ocurre en la pista. El error es considerarlas equivalentes o intercambiables: una es estratégica, la otra táctica, y ocupan momentos distintos en las decisiones de la empresa.
La ventaja para las marcas B2B
El razonamiento vale todavía más para quien vende a otras empresas. Para una empresa B2B el patrocinio no genera solo visibilidad: genera ocasiones de relación. La hospitalidad, el paddock y los eventos privados pueden acortar los ciclos de venta y construir confianza con decisores a los que la publicidad llega con dificultad.
Un directivo que conoce a los socios de un equipo de Fórmula 1 en el paddock de Silverstone está en una situación completamente distinta de quien desliza un banner en LinkedIn. Cambia la calidad de la atención, cambia la disposición a la relación, cambia el recuerdo en los meses siguientes. El AEV mide la visibilidad; esta dimensión relacional es la que, al final, mueve de verdad las negociaciones.
Siete millones de dólares por treinta segundos son mucho dinero. El problema no es el precio: es que esos treinta segundos, al final, se acaban.
Fuentes: NBC News, los precios de los anuncios de la Super Bowl LIX; Kantar, el coste medio de los anuncios de la Super Bowl 2020; Sportcal, el lleno publicitario de la Super Bowl LX; MotoGP, balance de la temporada 2025; datos de Clearsight para Dorna sobre un ejemplo cercano a los casos seguidos por RTR Sports Marketing (2017).
Preguntas frecuentes sobre patrocinio y publicidad
¿Cuál es la diferencia entre patrocinio y publicidad?
La publicidad compra un espacio durante un tiempo determinado e interrumpe lo que el espectador está viendo. El patrocinio asocia la marca a una property deportiva, entra en el propio contenido y sigue generando visibilidad y relaciones después del directo y después de que termine el contrato.
¿Qué es el Advertising Equivalent Value (AEV)?
Es el valor de la visibilidad que genera un patrocinio, calculado como si ese mismo espacio se hubiera comprado en el mercado publicitario. Se obtiene multiplicando los segundos en los que la marca es claramente visible durante la retransmisión por el valor de la publicidad en cada país y franja horaria, en todos los países que reciben la señal.
¿Cuánto cuesta un anuncio en la Super Bowl comparado con un patrocinio en MotoGP?
En la Super Bowl LIX de 2025 el precio medio de un anuncio de 30 segundos superó los 7 millones de dólares, y más de diez anuncios se vendieron a 8 millones. En un ejemplo cercano a los casos seguidos por RTR, un patrocinador de nivel medio de un equipo de MotoGP generó en un solo Gran Premio europeo de 2017 un AEV de 1,6 millones de libras, más o menos lo que costaba el patrocinio de toda la temporada.
¿Qué se entiende por visibilidad asíncrona?
Es la visibilidad que el patrocinio genera lejos del directo: los contenidos del evento que se vuelven a ver en YouTube, se comparten en redes sociales o reaparecen en series documentales y en los vídeos de creadores independientes. A diferencia del anuncio, que vive sobre todo en la pausa, el logotipo del patrocinador queda dentro del contenido y se sigue viendo durante años.
Patrocinio deportivo o publicidad digital: ¿cuál elegir?
No son alternativas. El patrocinio es una decisión estratégica a largo plazo, que construye memoria y autoridad; la publicidad digital es una táctica a corto plazo, útil para objetivos precisos y medibles. A menudo funcionan mejor juntos, con la publicidad digital al servicio de la activación del patrocinio.
¿El patrocinio deportivo funciona también para las marcas B2B?
Sí, y en algunos aspectos de forma especial. El motor de máximo nivel ofrece hospitalidad, paddock y eventos privados, es decir, ocasiones de relación con decisores a los que la publicidad llega con dificultad, y eso puede acortar los ciclos de venta y reforzar la confianza en la marca.